Estás presentando un examen…
Te sientas y miras el papel. Las palabras tienen caracteres que te son familiares pero no puedes entender el significado de las mismas. Son solo un montón de letras revueltas sin ningún sentido. Tu corazón palpita muy fuerte y sientes cómo te corre el sudor por la frente. Finalmente, logras entender lo que está escrito en la hoja del examen solo para darte cuenta que no fue lo que estudiaste. En ese momento, se acaba el tiempo y ¡tú no has contestado ni una sola pregunta!
Afortunadamente en ese instante, te despiertas. ¡Era solo una pesadilla!
Esta es solo una de las variantes de los malos sueños que muchas personas sufren en época de exámenes.
La realidad es que los exámenes son parte de la vida. Empiezan en preescolar y se prolongan durante toda nuestra existencia. Y aunque muchos los consideran una verdadera pesadilla, no tienen porque serlo, ni dejarnos con las manos sudorosas y taquicardia.
Las siguientes tres estrategias te permitirán no solo presentar tus exámenes con más confianza, sino que también terminarlos a tiempo.
1.- Empieza tu preparación con anticipación, no unos días antes y sobretodo NO la noche anterior al examen.
La noche o inclusive la semana anterior a que presentes un examen ya es demasiado tarde para empezar tu preparación. Debes empezar a prepararte desde el primer día de clases. Suena un poco extremo, pero una preparación temprana te dará la confianza que ninguna sesión tardía de estudio, por más intensiva que sea, te puede dar.
Además, si tú te preparas de manera constante y anticipada, evitarás desvelarte toda una noche estudiando para la prueba del día siguiente. Práctica que desgraciadamente se ha vuelto popular entre muchas personas que tienen que presentar algún tipo de examen. Este tipo de sesiones de estudio son poco efectivas y en ocasiones pueden confundirte a tal grado, que puedes llegar a equivocarte en preguntas que normalmente hubieras contestado sin problemas.
Al empezar tu preparación con anticipación, también te podrás dar cuenta de cuales son los puntos que más se te dificultan y tendrás tiempo para estudiarlos, practicarlos y reforzarlos antes del examen.
Finalmente si te preparas con anticipación, cuando llegue el día del examen, tendrás los conocimientos y la confianza necesarios para contestar las preguntas sin sorprenderte ni sentir inseguridad por aspectos que no previste.
2.- Revisa a lo que te enfrentas y date tiempo para conocer “el campo de batalla” antes de empezar.
El día del examen ha llegado. Tienes tus lápices bien afilados y te sientes bien preparado. Sin embargo, cuando te dan el examen, sientes un nudo en el estómago. Comienzas a sudar y miras la primera pregunta una y otra vez para asegurarte que la entendiste correctamente. ¡Relájate! No te van a preguntar algo que no sepas. Ten en mente que el examen es sobre temas ya has visto en clase y en sus respectivos materiales de apoyo, además de que conoces la materia a fondo porque te preparaste adecuadamente.
Antes que nada, revisa el examen en su totalidad y no lo visualices como una serie de preguntas individuales en diferentes secciones. Toma nota de temas o preguntas comunes que puedas desarrollar de manera conjunta. Muchas veces la respuesta a una pregunta te puede ayudar con la respuesta de la siguiente.
Una revisión completa del examen antes de empezar no solo te proporcionará una visión general de lo que enfrentas, también te dará una idea del ritmo de trabajo que deberás adoptar para terminar a tiempo.
Por ejemplo: si un examen contiene varias preguntas de opción múltiple, algunas otras con temas a desarrollar y unas cuantas preguntas de contraste y/o comparativas, y lo revisas antes de empezar a contestarlo: sabrás que sección te tomará más tiempo y cual contestarás más rápido. Esto te permitirá administrar tu tiempo de manera más eficiente.
Si alguna parte del examen es poco clara, este es un buen momento para hacer preguntas aclaratorias a la persona que administra el examen. Normalmente, los administradores y/o profesores son mucho más propensos a contestar este tipo de dudas en los momentos iniciales del examen que a la mitad o al final de la prueba.
Otro punto importante es leer cada una de las preguntas lentamente y en su totalidad. Como cualquier profesor lo puede confirmar, frecuentemente no es el estudiante más brillante quien obtiene las mejores calificaciones, sino el que puede seguir instrucciones al pie de la letra.
3.- Empieza con lo más fácil
Sin importar como esté compuesto el examen que vas a presentar, empieza con la parte más fácil. Esto no solo te dará un sentimiento positivo al completarla, sino que aumentará tu nivel de confianza y te motivará. Esto a su vez, te permitirá abordar las preguntas difíciles con más seguridad en tus conocimientos y estudios.
Sinceramente espero que esta información haya sido de tu agrado, pero sobretodo que te ayude a presentar tus exámenes de manera más efectiva y a obtener mejores calificaciones en ellos.
¿Tienes algún otro consejo que quieras compartir con los lectores de este blog? Déjalo en los comentarios. No seas tímida(o).
Por cierto, si de casualidad estás pensando en presentar el examen TOEFL o TOEIC, te recomiendo que revises el material didáctico en estas páginas:
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